Por Gema Salgado / Cuerpomente


"Cuando tenía dos años y medio Rowan Isaacson fue diagnosticado de autismo.


Su padre Rupert (periodista editor de guías de viaje) y su madre Kristin (psicóloga clínica) habían observado desde hacia tiempo que el niño no señalaba ni había añadido ninguna palabra nueva a su vocabulario.


Tampoco se volvía cuando alguien pronunciaba su nombre ni mostraba sus juguetes. Además, tenía berrinches continuos.


La pareja probó los tratamientos de la medicina convencional, pero Rowan no parecía lograr ningún avance significativo.


Hasta que un día se produjo un pequeño milagro: de paseo con su padre por los alrededores de su casa, una zona boscosa en Texas, Rowan se escapó corriendo hacia una manada de caballos de la casa del vecino y se relacionó enseguida con Betsy, la líder del grupo, quien parecía protegerle como a uno más de sus cachorros.


A partir de aquel momento, Rupert pidió permiso a su vecino para pasear a lomos de la yegua con su hijo y observó cómo en aquellas excursiones el niño experimentaba una clara mejoría".


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Image: Justin Hennard / Cuerpomente

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