Por Ada Nuño / El Confidencial

"Hay pocas cosas en la vida en la que toda la humanidad se ponga de acuerdo, a pesar de que en estos tiempos pandémicos hemos podido observar con perplejidad cómo el mundo entero se confinaba y aplicaba unas medidas similares. Una de las pocas cosas en las que coincidimos todos, provengamos de donde provengamos, es en aquello de dormir, lo hagamos mejor o peor. Todos (siempre que podemos) elegimos la noche para ello, por razones obvias, y descansamos tumbados, en lugares mullidos e ideales para buscar el sueño. 

¿Siempre fue así? En realidad, tenemos pruebas de que no. Las ocho horas reglamentarias que en tantas revistas nos aseguran que son algo así como la llave para conseguir la vida eterna y el cutis más bello, son en realidad una cosa relativamente moderna. No es algo que digamos nosotros, sino que se lleva estudiando desde hace tiempo. Según Roger Ekirch, historiador del sueño de laUniversidad de Virginia, el patrón del sueño dominante desde tiempos inmemoriales era en realidad bifásico. En otras palabras, nuestros antepasados dormían en dos bloques de cuatro horas (así que, en el fondo, cumplían también aquello de las ocho horas. Aunque de manera diferente)".




Imagen: iStock / El Confidencial
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