Por Luz Sánchez-Mellado / El País
[...]
"Yo estoy mucho más en paz
conmigo misma
desde que asumo
y acepto
que no puedo gustarle a todo el mundo.
Que incluso hay gente
que me aborrece
y gente a la que aborrezco,
y no pasa nada.
No poder gustar a todo el mundo,
qué tranquilidad.
¿Cuándo dejó de intentarlo?
Tiene que ver con la edad
y con haber sentido
que le gustabas a gente
por la razón equivocada,
o con sentirte esclava
de la imagen que tú misma
querías que tuvieran de ti.
Logras que la tengan,
pero ese listón es imposible.
Tuve unos años muy infelices
porque quería ser la tía de las fotos.
Cuando haces reportajes de moda,
dices: “Quiero ser esa”.
Pero no: eres esa con
dos horas de producción
y retoques.
Si te quedas atrapada
en querer ser esa,
es terrorífico.
Y yo pasé ese
no poder estar a la altura
de lo que creía tener que ser.
Se me pasó poco a poco
y con la edad,
con la maternidad, con el escenario."