Por Arash Arjomandi / Karlos Alastruey / Babelia / El País
"Es bien sabido que Freud interpreta los sueños en clave de la realización virtual de nuestros deseos inconscientes. Un sueño es una representación sígnica que sustituye a algo elíptico; algo que se halla ausente porque no puede comparecer: un deseo muy profundo.
La gran pregunta filosófica concierne a las razones por las cuales nuestros deseos más íntimos se ocultan y no se dejan ver ante nosotros. Una de las mejores respuestas las ha dado Tarkovsky, un genio del séptimo arte, cuya obsesión era explorar el verdadero Deseo de un modo inquietante y perturbador —como dice Eugenio Trías—. Para ello, muestra en sus películas el mundo del sueño como si sus cosas y personas no difiriesen de las de nuestra vida cotidiana: "La indistinción entre vida inconsciente y consciente da a este cine su máxima intensidad, su valor de verdad y su capacidad de evidencia; entrelazando sueños, realidad presente y recuerdos con un código de color diferenciado (sepia/color)".
Imagen: Fotograma de 'Stalker' (1979), de Andréi Tarkovski. / MOSFILM