Daniel García López / Icon / El País
"Pensaba que los manifiestos eran cosa de las vanguardias artísticas del siglo XX, pero el otro día me llegó uno a casa. Es un librillo grapado en papel de fotocopia llamado The Debrist Manifesto –algo así como "el manifiesto ruinista"– y propone no acabar las cosas, rehuir el triunfo, evitar hacer algo que sea identificable, etiquetable y comercializable. O sea, un bofetón a estos tiempos de marca personal y ansiedad por rentabilizar cualquier rasgo de carácter. El primer mandamiento es claro: nunca acabe nada. Si lo acaba, repúdielo un año tras otro, indica el segundo mandamiento. Y si alguien le dice que aquello estaba genial, explore sus razones, piense detenidamente en sus argumentos y finalmente descarte su opinión. Ese es el tercer mandamiento, así hasta 15, punto en el que se insiste: NUNCA ACABE NADA".
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