Por Anabel Herrera / La Vanguardia
"Hoy en día, uno no ha estado de vacaciones si no ha colgado la foto (o la retahíla de fotos, más bien) del paraje en cuestión en los stories de Instagram, ha hecho un vídeo en TikTok o ha bombardeado el WhatsApp de media agenda de contactos. Pero hubo un tiempo en el que nos tomábamos la molestia de seleccionar una postal y escribir, ¡a mano!, una dedicatoria, para depositarla en el buzón. A veces incluso regresábamos a casa antes de que hubiera llegado al destinatario. Por increíble que parezca, todavía quedan muchos 'románticos' que se empeñan en mantener vivo el arte de la correspondencia manuscrita.
Aunque es difícil rastrear el origen de las postales, suele atribuirse a Emanuel Hermann, profesor de Economía en Viena, quien, en enero de 1869, publicó un artículo en un periódico local en el que proponía la idea de enviar por correo tarjetas del tamaño de un sobre con mensajes cortos, como anuncios comerciales o saludos, para ahorrar costes. Tras aprobarse por orden ministerial, el 1 de octubre del mismo año salió la primera 'korrespondenz-karte' (tarjeta de correspondencia) de la localidad austríaca de Perg para llegar a la de Kirchdorf al día siguiente. El mensaje era breve y de carácter personal: el emisor preguntaba al receptor si le gustaría visitarlo".
Imagen: postcrossing.com