Por Javier Rodríguez Marcos / El País
"Como en un cuento de Borges, en un luminoso edificio de la calle de Serrano de Madrid hay un grupo de 11 personas empeñadas en una tarea pendiente desde hace un siglo: culminar el Diccionario histórico de la lengua española. Ese edificio es la sede del Centro de Estudios de la Real Academia Española y esas 11 personas, coordinadas por Mar Campos y con Pilar Salas como jefa de redacción, son un equipo de informáticos y lexicógrafos consagrados a registrar la definición y evolución de absolutamente todas las palabras —vivas y muertas— de una lengua con 1.000 años de antigüedad y más de 500 millones de hablantes en todo el planeta. "Histórico" no significa "antiguo" sino "total", subrayan Campos y Salas mientras navegan por la web del diccionario, concebido desde el principio como nativo digital y accesible gratuitamente desde la página de la RAE. "Total" quiere decir que recogerá los términos más remotos y los recién nacidos, incluso aquellos que designan realidades que nunca llegaron a existir. Como los coronabonos que hace un año planeaba emitir la Unión Europea para compensar los estragos de la crisis del coronavirus.
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Quienes entren en la página del Diccionario histórico comprobarán que de cada palabra se registran la etimología y todas sus acepciones, se resume su biografía desde que se documentó y se argumentan su evolución y uso con multitud de ejemplos. Un caso: trompa —cuya historia se relata en un texto que ocuparía cinco páginas de periódico— cuenta con 75 acepciones principales, la primera de las cuales se ilustra mediante 375 ejemplos localizados entre 1240 y 2020. A esto hay que añadir una relación de locuciones que van desde estar trompa (borracho) hasta andar con la trompa como chancho de monte (enfadado). La web permite además consultar todos los ejemplos citados con su referencia bibliográfica. O ver solo los más destacados o el más antiguo y el más moderno. Igualmente, con un simple clic, se accede a la familia de cada palabra, que se despliega como una red de nodos que permiten comprender de un vistazo que la lengua no es una línea recta sino una constelación. Y que, además, se mueve. En el futuro bastaría con ajustar los criterios para tener al instante un diccionario de anglicismos o uno del español del siglo XVIII. La información ya estará disponible.
El Diccionario histórico recibe actualmente 10.000 visitas al mes. Con la versión recién estrenada la RAE espera que esa cifra dé el salto al millón. Sus cálculos se basan en los dos millones mensuales que reciben el Diccionario panhispánico de dudas y el Diccionario panhispánico del español jurídico. El Diccionario de la lengua española juega en otra liga: en el último año alcanzó los 1.000 millones de consultas.
El equipo del Diccionario histórico publica cada año —en dos entregas: marzo y septiembre— un total de 1.400 palabras. A este ritmo, tardaría casi un siglo en culminar su trabajo. Un plazo que, como apunta con ironía en su despacho el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, hoy en día "va más allá de la imaginación humana". De ahí que al grupo de la calle de Serrano se le acaben de unir 18 equipos de todo el mundo. Academias americanas, universidades españolas e instituciones como el Instituto Caro y Cuervo de Colombia formarán parte de una red "panhispánica" que en un lustro podría llevar el diccionario hasta las 30.000 voces. "El histórico está pensado para que sea nativo digital y sus prestaciones no son sustituibles por una edición impresa equivalente", apunta Muñoz Machado, "pero dentro de cinco años yo querría preparar una edición en papel con el material que tengamos". Como él mismo reconoce, el ejemplo del diccionario de Oxford, todo un símbolo, sigue pesando mucho".
Image: Luis Sevillano / El País