Por Ramón Soler / Cuerpomente

"Desde que escribo artículos de psicología, creo que llevo más de 12 años haciéndolo, con frecuencia, recibo comentarios, correos electrónicos e incluso mensajes en mi móvil de personas airadas con mis escritos. Los peores comentarios siempre vienen a colación de mis post sobre la crianza respetuosa. Aún, hoy en día, y a pesar de las evidencias en su contra, muchos adultos defienden a ultranza los métodos represivos como herramientas educativas.

Estas personas, evidentemente, escriben desde sus heridas y carencias personales. Cuando uno ha sufrido en propias carnes la sinrazón de la violencia y además, ejercida por las personas que deberían haberte cuidado, resulta muy difícil deshacerse de las creencias limitantes. Para hacerlo, previamente, hay que admitir y asimilar un gran número de vivencias muy crudas.

Mirar de frente a una verdad tan dolorosa es muy difícil y, a algunas personas, les resulta casi imposible. Por eso en este artículo, deseo cederle la palabra a Pablo, uno de mis pacientes, él va a contarte en primera persona lo que significa realmente vivir una infancia bajo el yugo del miedo y las amenazas continuas".



Imagen: Cuerpomente
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